Nombres
"La suerte mía es que me hice periodista -es
decir, me estoy haciendo-, porque otra cosa no sabría hacer en mi vida. Ahora,
por cierto, la palabra periodista está en peligro de extinción -como las
cotorras-, para dar paso a un nombre más... postmoderno, más ondoso, con más swing: comunicador social. Es una onda más
actual, que está de moda como el pelo corto, los géneros y el marketing."
Soñar no cuesta nada. Aprendamos de sus textos que es su mayor legado. Y continúa:
"Ahí tienen ustedes: el marketing. Jamás
podría dedicarme a esos menesteres, porque carezco de imaginación y no marcho
con los tiempos modernos, como diría Carlos Chaplin. Sobre todo para los
nombres. Sí, porque el marketing y la publicidad requieren de nombres que
vendan, que impacten en el mercado.
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| El Ron de Cuba, lleva Havana en "english" también |
En la edición de ayer -se refiere al Juventud Rebelde-, por ejemplo, se
anuncia la presentación del grupo musical Havana Tonight, así con v, en
English. Eso sí es tener sentido del mercadeo (perdón, del marketing). A mí no
se me hubiera ocurrido. Yo, en mi ignorancia, lo hubiera nombrado Habana de
Noche. Un nombre que no vende, que no comercializa. Claro, es posible que el
nombre genere algunas confusiones en el público. Digamos que en Bauta tal vez
pensarían que se trataba de un grupo inglés o norteamericano; y si por
casualidad el grupo se empata con un fasten, el público extranjero pensaría que
en Cuba hablamos English. Pero esos son detalles secundarios.
Antiguamente, cuando bebía ron, de vez en
cuando iba a drinkiar unos tragos al Brindis, un bar de Infanta y Manglar. Me
gustaba el lugarcito porque siempre uno encontraba un viejo que hacía cuentos
interesantes del recinto bebestible, más antiguo que la Havana misma. Además,
el nombre era un vacilón: Brindis, una onda festiva, de homenaje.
Ah, pero los tiempos modernos y el marketing
no creen en historias ni en cuentecitos. Así que una noche llego a darme un
traguito y veo un nombre nuevo: Don Pepe. Bien español, con su Don y todo. Y
hasta más musical, por aquello de Don Pe-pe, Don Pe-pe que los niños tocan en
el piano.
A veces me pregunto: Bueno, ¿y si tengo que
dejar el periodismo y entrar en el mundo de la comercialización? Y entonces me
pongo a hacer pruebas conmigo mismo, a imaginar nombres. Ya se me han ocurrido
algunos que yo creo que pegarían en el público.
Por ejemplo, la cafetería La Pelota, que lleva siglos en 12 y 23,
pudiera llamarse The Ball Esquina. ¿Y Coppelia? Ese es un nombre en desuso;
mejor sería nombrarla Fresa and Chocolate Icecream. Estoy aprendiendo: ahí
utilizo la popularidad de la película para vender helados.
Los puestos de vianda o vendutas no se
conocerían por esos añejos vocablos, sino por otros más modernos. Podría ser,
por ejemplo, Serviviandas. Sería maravilloso escuchar a mi vecina Flora: Oye,
Manolo, llegaron plátanos burros al Servivianda. Para los grupos musicales también he creado
nombres. A un grupito de son de tres por quilo le buscaría uno que atrape al
público: The Stranger Boys' Son. En English, para penetrar el mercado
extranjero (o en divisas, que no es lo mismo pero es igual). O también pudiera
ser en español. Por ejemplo: Azúcar Refino, que es bien original y a nadie se
le ha ocurrido algo semejante.
Claro, estos nombrecitos son una prueba, un
entrenamiento. Tengo que recorrer La Habana y otras ciudades para ponerme más
en onda con esos nombres que tan bien le vienen a nuestra identidad, a nuestra
cubanía, y que de paso demuestran que estamos abundantes en expertos en
marketing, yes or not?
(publicado el 6 de noviembre de 1999 en el diario cubano Juventud Rebelde)

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