1 de septiembre de 2014

Entre dos mares

Hace cuatro años que vivo en España, cuatro años ya que le dije adiós a mi madre, a mi familia, a mi gente y empecé un camino nuevo, en un país extraño, con el que al menos el idioma y la historia me unían, poco más. 

La decisión no fue fácil, aunque cuando uno vive con tantas carencias, materiales aclaro, la respuesta es un sí rotundo a dejar atrás su tierra, para abrirse camino en otro lugar. Aquello de "es mejor malo conocido que malo por conocer", no estaba a tono con mis 22 años entonces, y miren que nunca he sido un espíritu inconformista, o al menos me consideraba muy feliz con lo que me daban mis padres con su esfuerzo diario.

Playa Baracoa, Cuba 
Todavía recuerdo la reacción de una vecina, por demás mi profesora de Geografía en la Secundaria, luego compañera de trabajo y en fin una amiga, aunque por la edad podría ser mi madre: "España está en candela Albe. Con esto de la crisis no se libra nadie y allá no vas a tener a tu familia". Y sí, cuando llegué a Sevilla, la crisis estaba en pleno apogeo, el disgusto generalizado se apoderaba de la gente e incluso un tiempo después las calles parecían reflejar lo que en todos lados se comentaba: un descontento creciente.

Pero, gracias a Dios encontré muy buena gente por el camino que me tendieron su mano, me abrieron su casa e incluso me invitaron a ser parte de su familia y hoy las puedo considerar como mía. Supongo que la necesidad hace acercarse a las personas, que mientras menos uno tiene, más necesita de los demás y de ahí viene parte de la felicidad que sentía en Cuba, donde lo poco se dividía entre muchos y al final siempre había sitio para otros. 

Cuatro años llevo por aquí, y en contadas ocasiones me han hecho sentir como un inmigrante. Ni tan siquiera cuando mi lengua, no acostumbrada a decir y criticarlo todo, se ha soltado sin respetar el más sentido común de quien está en un país que no es el suyo, sino de aquellos con los que estaba hablando. Quizás por eso no extrañe tanto Cuba, por las alas que me han dado aquí. 

Criticar es sin dudas, una de las capacidades más extraordinarias de los españoles. A veces excesiva y despiadada, pero liberadora como pocas cosas en el mundo. Tal vez mucho ha tenido que ver el mantener silencio durante tantísimos años, aunque ciertamente quienes representan hoy la democracia, la mayoría de los veces hacen oídos sordos a lo que comenta la ciudadanía. Craso error, error de cegatos. 

Sevilla, España
El buen espíritu, la sonrisa, la alegría e incluso la capacidad de soportar los problemas son cosas que ya había visto en mi tierra, donde desde pequeños nos enseñan a mirar el malecón de mil colores, aunque todos sus kilómetros sigan de duro gris. Todavía sueño con que estoy en mi casa de Cuba, junto a mi madre o viviendo cualquiera de aquellos dramas típicos de los cubanos: “mira a fulanita que salida está, quién lo iba a decir, después de lo que era...” Sí, soy débil al chisme, aunque aquí la prensa rosa me cause repelús. 

El periodismo fue otra razón que me empujó a aprovechar la posibilidad de venir a España. A finales de 2012 cuando fui de visita a Cuba, en los medios de comunicación, particularmente en la tele seguían con los mismos temas de dos años antes cuando dije adiós al país, e incluso repetían el mismo discurso, ya un poco vacío, sin sentido, para satisfacer no sé ciertamente qué exigencias, cuando el propio presidente Raúl Castro ha dicho más de una vez la necesidad de hacer más y repetir menos eslóganes vacíos

El pasado 27 de agosto, hace cuatro años dejé mi país para ser parte de este desde donde escribo hoy, ojalá también lo pueda hacer en un mañana, o si no desde cualquier otro que me dé la posibilidad de seguir ayudando a mi familia y crecer como persona. Sigo siendo cubano, hoy más que nunca y si lo repito tanto, no es porque me lo tenga que creer, sino por la absoluta certeza de que aunque en un futuro tenga nacionalidad española u otra, lo que se sigue cosiendo en aquel caimán bravío y en estos lares ibéricos marcarán mis días porque hay gente que quiero de un lado y del otro del Océano Atlántico.

FOTOS PROPIAS publicadas en mi cuenta de Instagram y disponibles en Flickr bajo licencia Creative Commons.

9 de agosto de 2014

Pipo cumple años

HOY ES EL CUMPLEAÑOS DE MI ABUELO: 78 años ya y sigue en pie, con su ojo medio ciego, su audición que perdió en una de esas fábricas que trabajó de joven y sus cantaletas de que este año será el último que esté entre nosotros, ojalá siga muchos más, aunque ciertamente en mi vida está intermitentemente desde hace 4 años.

De 2012 a 2013 lo disfruté de nuevo todo un mes, insistía en reunir dinero para mi próximo viaje a Cuba, ya no le bastaba con los 3 pesos que me daba a diario, o los 20 o 50 semanales para la universidad,  él podría reunir los 1000 euros del avión, para él no hay imposibles cuando se trata de sus nietos, pese a que sigue sin entender la diferencia entre euros y pesos cubanos.

Hasta el cuatrimestre pasado me ayudó desde la distancia con todas las vivencias que había tenido junto a él, desde pequeño y plasmé en unos cuentos cortos para una asignatura en la Universidad de Sevilla. Inesperadamente me valió un Sobresaliente en Escritura Creativa, no obstante para mí, ese abuelo Tico, Pipo en la vida real, se ganó cada día Matrícula de Honor.  

La última vez que lo vi se le aguaban los ojos como a mí ahora cuando escribo estas líneas. Lo quiero muchísimo y espero que sea consciente de cuánto bien me hizo con su presencia en mi vida, ojalá pueda disfrutarlo otro mes, otra semana más. Ojalá aguante tantísimos años.

11 de julio de 2014

La prensa de España durante el régimen de Franco (V)

La ley de Prensa fue la medida liberalizadora política más trascendente durante la década de los sesenta, supuso para la sociedad española de cara a un progresivo conocimiento de los asuntos públicos por parte de la población y de vehiculación de opiniones políticas divergentes que iban a constituir en el futuro un nada desdeñable ingrediente en el tránsito hacia un sistema político pluralista (Terrón, 1981, p. 165). 
Así define Javier Terrón Montero esta ley de 1966 que también fue una manera de demostrar a la Comunidad Económica Europea que España era un país “democrático” digno de entrar a esta asociación. En este sentido Ignacio Fernández de Castro (1968) señala que la “tensión entre el deseo de ser europeo en materia de información y la realidad que obliga al régimen franquista a seguir manteniendo la represión es característica de este período de libertad vigilada” (p. 327).

En su artículo 1º la nueva Ley de Prensa reconocía la libertad de expresión por medio de impresos, pero inmediatamente encuentra sus límites en el artículo 2º: 
El respeto a la verdad y la moral; el acatamiento a la ley de principios del movimiento nacional y demás leyes fundamentales; las exigencias de la defensa nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público interior y la paz exterior; el debido respeto a las instituciones y a las personas en la crítica de la acción política y administrativa; y la salvaguardia de la intimidad y del honor personal y familiar. 
En el artículo 3º se establece en cambio “la prohibición de la censura previa y de la consulta obligatoria, salvo en los estados de excepción y de guerra expresamente previstos en las leyes” (Terrón, 1981, p. 192). La función de la Administración se regula en el artículo 5º para “garantizar el ejercicio de las libertades y derechos regulados en la Ley” (Terrón, 1981, p. 192) y perseguir el “establecimiento de monopolios u otros medios tendentes a deformar la opinión pública” (Terrón, 1981, p. 192). 

En el artículo 63 regulan los “tres tipo de responsabilidades: la penal, la civil y la administrativa” (Terrón, 1981, p. 193) según la infracción que cometa el medio, incluso en el artículo 65 extienden la condena a todos los eslabones de la empresa periodística, editora, impresora, importadora o distribuidora. Mientras en “los artículos 67 y 68 dividen las infracciones en muy graves, graves y leves, a las que corresponden sanciones clasificadas de la misma manera” (Terrón, 1981, p. 193). 

Cerrado en 1971, pueden acceder a algunos
números del diario Madrid en PDF y a la fototeca
La libertad de empresa también quedaba regulada en esta ley, así el artículo 16 era para las empresas periodísticas, el 44 para las agencias informativas y el 50 para las editoriales. No obstante, el dominio de la agencia EFE, vinculada al Ministerio de Información, de todas las informaciones extranjeras en el ámbito nacional, imponía en el artículo 44 muchas limitaciones a las nuevas agencias. 

La libre designación del director se regula en el artículo 40, mientras que en el artículo 34 hace del director el eje de la orientación y determinación del contenido del periódico y en el artículo 37 se le otorga el derecho de veto sobre los contenidos de todos los originales. Eso sí, en el artículo 39 se concentra en el director la responsabilidad de cuantas infracciones cometa el medio, “independientemente de las que puedan recaer en otras personas” (Terrón, 1981, p. 197). 

Las libertades otorgadas por la nueva ley, no sólo tuvieron sus límites en el artículo 2º de la misma sino en la necesaria inscripción de los profesionales de la información en el Registro del Ministerio para la obtención del correspondiente carnet de periodista, y la creación del Jurado de Ética Profesional que podía aplicar sanciones desde “la amonestación privada hasta la inhabilitación definitiva para el ejercicio de la profesión”. En este mismo sentido, un anexo bajo el título Principios Generales de la profesión periodística, recogía estas ideas sobre el periodismo: 
Servicio a la verdad, el respeto a la justicia y a la rectitud de intención. La función del periodista debe ser informar, formar y servir a la opinión nacional. Los periodistas deben evitar toda presentación o tratamiento de la noticia que pueda suponer apología o valoración sensacionalista de hechos o de formas de vida que sean delictivos o atenten a la moral y las buenas costumbres (Anexo al Decreto 744/1967 de 13 de abril). 
A partir de la aprobación de esta ley, un gran número de revistas y publicaciones “con la finalidad de aglutinar y dar voz a un tendencia ideológica concreta o servir de cauce de expresión a problemas específicos de cualquier colectivo social o grupos de interés”, vieron la luz en España, mayormente en Madrid y Barcelona. Durante un primer período la ley se llevó a rajatabla, pero con la salida de Manuel Fraga Iribarne del Ministerio y la irrupción de un nuevo gobierno, más tecnócrata, las sanciones se suavizaron. De hecho las sanciones aumentaban según el nivel de conflictividad social, que llegó a puntos extremos en 1967 en el País Vasco con la implantación del estado de excepción en dicho territorio y luego en 1969 a todo el territorio nacional. 

La prensa española dará voz a los conflictos en la universidad, las reivindicaciones obreras, los problemas regionales y la falta de cauces de representación política, las corrupciones políticas y económicas, e incluso temas relativos a la sexualidad, lo cual le costará en muchos casos cuantiosas sanciones económicas. El autor destaca que “ningún periódico de lo que podríamos denominar históricos: Ya, ABC, Arriba, Pueblo, La Vanguardia, resulta durante todo el período sancionado” (Terrón, 1981, p. 210). Sin embargo, son “las publicaciones dependientes de organizaciones católicas de base sobre las que recaen mayor número de sanciones” (Terrón, 1981, p. 211). En 1968 a las limitaciones previas se le unía la Ley de Secretos Oficiales por la que “se establecían las calificaciones de secreto y reservado a las materias cuyo conocimiento quedaba limitado a las personas debidamente facultadas para ello por la propia ley” (Terrón, 1981, p. 211). 

Si bien en 1967 y 1968 hay un descenso de las sanciones a las publicaciones, el cierre definitivo del diario Madrid en noviembre de 1971 aclara que los mecanismos de represión del régimen, ya por entonces abierto hasta donde el aperturismo económico lo permitía, seguían presentes. “Los periódicos comenzaron a desarrollar una labor moderadamente crítica y las revistas se convirtieron en muchas ocasiones en portavoces de opciones políticas e ideológicas distintas y a veces contrarias a las oficiales” (Terrón, 1981, p. 217). El camino para el cambio comenzaba a verse más claramente en España.

Si quiere completar parte de la Historia de la prensa en España, les recomiendo el siguiente video de Tesauro:



REFERENCIAS: 
-Fernández de Castro, Ignacio: “De las Cortes de Cádiz al Plan de Desarrollo. 1808-1966”. Edit. Ruedo Ibérico, París, 1968..
-Terrón Montero, Javier: “La prensa de España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político”, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 1981.

NOTA: Esta reseña sobre el libro La prensa en España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político de Javier Terrón Montero, es parte de una actividad extracurricular para la asignatura Historia del Periodismo Español. Espero que como a mí, los ayude a entender parte de ese período gris de la historia de este país. Pueden comprar el libro en la librería del Centro de Investigaciones Sociológicas.

9 de julio de 2014

La fiesta

El camión llegó repleto de sillas y los niños corrían de un lado para otro con la idea de que en casa pasaba algo grande. Tanta gente entrando y saliendo no podía ser por gusto. Debía ser la fiesta de alguien, ¿de mamá?, ¿de papá?, ¿de tía? Tonito no tenía idea de que sucedía a su alrededor, pero olía a fiesta. A los cuatro años todo parece una fiesta. 

Sus amigos iban de un lado para otro bajando las sillas del camión y poniéndolas en la casa. Pronto seguro que llegaban más gente y tarta, quizás algún globo. A Tonito se le veía una estrella en los ojos, aunque en algún momento viera como a su mamá le salían lágrimas. No tenía certeza de lo que pasaba, pero a la casa seguían llegando gente, comida y flores. 

Tonito jugaba con sus amigos por el barrio a los escondidos, hasta que su mamá lo llamó para el baño: 

- Niño, vamos a prepararnos que hoy es un día especial 
- Sí, mamá ¿qué pasa? 
- Ya lo verás bebé, pero recuerda que todos te queremos mucho y tu tatarabuelo mucho más. 

El padre de su abuelo Tico pasaba los días callados y Tonito lo recordaría siempre por cómo tomaba la sopa. Cucharada tras cucharada sonaba en todo la casa aquel sorbo de caldo. Pasarían años y asociaba la sopa con su abuelo, como aquel cuarto donde dormía y al cual no pudo entrar mucho tiempo después de aquel día en que lo vio durmiendo: 

- ¿Qué le pasa al abuelo mamá? ¿Está durmiendo? 
- Sí mi niño, ya al fin está descansando. Estaba muy mayor y se va al Cielo con la abuela y otros mucho que lo quieren tanto como nosotros. 
- Pero ¿lo volveremos a ver mamá? 
- Cualquier día mi niño. 

Por entonces Tonito no sabía qué era la muerte. No tenía ni idea que aquellas sillas, aquella comida y aquella caja en el centro de la sala donde dormía el abuelo, eran sinónimos del fin de la vida. Al crecer recordaría con una mezcla de vergüenza y simpatía aquel episodio de su vida. Todo es tan fácil si se mira con los ojos de un niño.

NOTA: Cualquier semejanza con mi vida real no es pura coincidencia. 

4 de julio de 2014

La prensa de España durante el régimen de Franco (IV)

A la necesaria reestructuración de la ideología franquista después de la Segunda Guerra Mundial, siguió otra en el plano económico que buscaba superar los años de autoabastecimiento y puertas cerradas en España, que llevo a una “escasez tanto en la capacidad adquisitiva de la mayor parte de la población como del mismo mercado de bienes” (Terrón, 1981, p. 85). Fue un “reconocimiento implícito de la virtualidad del sistema capitalista”, afirma Javier Terrón, porque para aumentar la producción nacional el Estado abandonó el sistema autárquico y puso en funcionamiento los mecanismos de mercado libre en el interior con la disminución de los controles administrativos, y aumentó las relaciones internacionales porque necesitaba inversiones y adquirir bienes.

Imagen tomada de todocolección.net
Fue una etapa privilegiada para el régimen pues la Guerra Fría acercaba posturas con Estados Unidos, de quienes obtuvo apoyo económico y diplomático a partir de 1950, que fue ampliado con los acuerdos de cooperación hispano-norteamericano en septiembre de 1953. También en el mismo año, firmó con la Santa Sede un Concordato por el cual reglaban las relaciones entre Iglesia y Estado. Pese a que "la Iglesia coincidía con el Estado en casi todas las ideas de totalitarismo", el Concilio Vaticano II produce una profunda transformación en la institución, a la cual van a ingresar muchos hombres impulsados por vocación, pero también por la autonomía e independencia del sistema eclesial, que lo convierten en una “plataforma de actuación sindical y política” (Terrón, 1981, p. 91).

Con la llegada de Gabriel Arias-Salgado al recién creado Ministerio de Información y Turismo, comienza aplicarse la llamada “Teología de la Información”.
El pensamiento tradicional católico, el fundamento del derecho natural, la oposición tanto al marxismo como al liberalismo y la indisoluble unidad entre lo cristiano y lo español, que son los componentes más sobresalientes del nacional-catolicismo, enmarcan el desarrollo de esta doctrina de la información (Terrón, 1981, p. 94). 
El Estado seguirá siendo una institución necesaria para equilibrar la libertad y la obediencia, a la vez que nunca estará en contra de la sociedad civil, ni impondrá la autoridad, supuestamente. Para el nuevo ministro la información es ante todo una actividad social de importancia creciente. Las nuevas ideas de libertad en España, no iban a ir en contra del necesario papel del Estado y el hecho de que los deberes son primeros que el derecho. Si bien la prensa pasaría a estar en igualdad de condiciones con el gobierno para transmitir las ideas, eso no significaba que pudieran hablar de cuánto quisieran.

“La libertad de divulgación está condicionada por el servicio y a la verdad. Toda la libertad para la verdad, ninguna para el error” (Arias-Salgado, 12-12-1954, p. 56) diría el nuevo ministro en una ocasión. Con estas ideas, Arias-Salgado impulsó una nueva Ley de Prensa para sustituir la de 1938, no obstante, fueron otros quienes llevaron adelante esa tarea.

Junto a las medidas aperturistas del Estado, sucedieron otras en el plano ideológico que buscaban preservar el poderío ideológico del régimen: “la autorización expresa del Estado para publicar un periódico, el control sobre la tirada de los existentes, la prohibición a los extranjeros de ejercer el periodismo en España, la exclusión del capital extranjero en las empresas periodísticas” (Terrón, 1981, p 100). Pocas fueron las medidas que acabaron en los años cincuenta con los mecanismos de represión de la prensa, de hecho en su mayoría estuvieron enfocadas al incremento de la publicidad en las publicaciones, se agregó el derecho de rectificación y la creación del Tribunal de Honor periodístico, pero poco más.

Para Arias-Salgado, cuyo legado se mantuvo casi hasta los últimos días del régimen, la prensa es una institución nacional y un servicio público cuya finalidad era el bien común. Al respecto diría en una ocasión:
Entre prensa incontrolada y libre teóricamente y prensa estatificada, prefabricada, sujeta a un dirigismo férreo, la fórmula española es de prensa orientada. Prensa no órgano del Estado ni instrumento de grupos, sino prensa órgano de los intereses de la sociedad. Las ideas son precisamente las raíces que generan las acciones delictivas y han de ser reprimidas antes de que se produzcan ya que, una vez ocasionado el daño no es posible repararlo a posteriori (Arias-Salgado, 12-12-1954, p. 131-132). 
El ministro mantenía la censura previa y el sistema de consignas, así como prefiere no hablar de opinión pública, sino de opinión nacional u opinión orgánica, unidas por la idea de servicio, porque “es la resonancia de los hechos reflejados por la parte del pueblo dotado de conciencia, de responsabilidad y de vinculación al bien común” (Arias-Salgado, 12-12-1954, p. 81).

La revista Ecclesia aún se publica en España
Las voces disidentes desde la misma Iglesia, son las que despejarán el camino para la creación de la nueva Ley de Prensa e Imprenta en 1966, si bien los dogmas seguían siendo un tanto arcaicos como considerar que todos los medios eran de Dios, el concepto de veracidad ya no solo se circunscribía a la Verdad, sino que impulsaban el buen hacer del periodismo, el deber de los periodistas con la sociedad y evitar los escándalos o las tentaciones del mal: “el lucro, la imprevisión y el endiosamiento” (Terrón, 1981, p. 121).

La Iglesia consideraba que la nueva Ley debía cumplir los derechos del Estado, pero este solo podía regular las medios, no absorberlos, salvo en situaciones excepcionales. Retomando el artículo 12 del Fuero de los Españoles, “todos los españoles pueden expresar libremente sus ideas siempre que no atenten a los principios fundamentales del Estado”, la censura previa también debería ser utilizada en casos excepcionales. En uno de los números de la revista Ecclessia se dirían ideas como lo siguiente:
Una cosa es la censura y otras las llamadas consignas mediante las que se obligue a los periódicos a presentar como propia la opinión de los gobernantes. Cuanto más fuerte sea un Estado, más obligado estará a que su poder no tapone los órganos legítimos de la opinión. A mayor normalidad de un país, ha de admitirse más diálogo público, so pena de hacer del arbitrio norma permanente de la vida ciudadana (Ecclessia, num. 704, 8-1-1955, p. 3).
La llegada de Manuel Fraga Iribarne como Ministro de Información y Turismo en 1962 no supone una ruptura con las ideas de Arias-Salgado, quien desde 1959 había creado una Comisión especial consultiva, asesora y de estudio para aglutinar todas las opiniones para la nueva Ley de Prensa e Imprenta. La publicación del Concilio Vaticano II de su Decreto sobre los Medios de Comunicación Social en 1965 influyó decisivamente junto a las presiones de la oligarquía financiera, que quería incrementar su poder; y por las manifestaciones del movimiento estudiantil y obrero entre 1956 y 1957 debido a la gran inflación del país. En particular, una organización perteneciente a la Iglesia y con vinculación con los grandes bancos, el Opus-Dei, jugó un papel fundamental en esta época que se ha llamado desarrollismo.

Con esta nueva ley se buscaba regular según refiere Terrón (1981):
El ejercicio del derecho a la expresión de las ideas, las limitaciones a esa libertad y las funciones de la autoridad, las relaciones entre la información y la opinión pública, los deberes de los profesionales y órganos de la información, los delitos, la creación de una Magistratura especial, la competencia para autorizar la edición de publicaciones o constitución de empresas informativas, la competencia en el nombramiento del director, el sistema de recursos, la regulación de los servicios de orientación y consulta, la protección a las empresas informativas y su configuración jurídica y la aplicación de la ley en casos de excepción (p. 146). 
REFERENCIAS: 
-Arias-Salgado, Gabriel, en el III Consejo Nacional de Prensa. Barcelona, 12-12-1954. 
-Terrón Montero, Javier: “La prensa de España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político”, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 1981. 

NOTA: Esta reseña sobre el libro La prensa en España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político de Javier Terrón Montero, es parte de una actividad extracurricular para la asignatura Historia del Periodismo Español. Espero que como a mí, los ayude a entender parte de ese período gris de la historia de este país. Pueden comprar el libro en la librería del Centro de Investigaciones Sociológicas.